Liderazgos africanos en organismos internacionales

África tiene 54 países reconocidos internacionalmente, que integran el 28% de los miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), su superficie supone más de una quinta parte de las tierras emergidas del planeta, y sus habitantes representan cerca del 20% de la población mundial.

Si consideramos este peso político, geográfico y demográfico, el continente africano debería estar bien representado internacionalmente en los principales foros y organismos a nivel internacional. Lamentablemente esto no es así. Son constantes las voces del continente que exigen mayor representatividad para corregir la falta de equidad histórica. Por fortuna, ya se está corrigiendo esta injusticia.

Así, en un orden internacional aún marcado por asimetrías de poder profundas, la llegada de líderes africanos a la cima de organismos multilaterales constituye un aspecto que trasciende lo simbólico.

A continuación, expondremos los perfiles políticos de tres personajes y líderes africanos de la actualidad, quienes son pioneros en cuanto a dirigir sus respectivos e importantes organismos internacionales. Todos comparten un continente de origen, así como la experiencia y capacidad de sobra para gestionar, de manera eficiente, instituciones diseñadas para servir a los intereses de Occidente.

Mas sin en cambio, hoy los nuevos tiempos contemporáneos exigen nuevas necesidades en el marco del proceso de globalización y de un mundo que se redefine lentamente.

Sus trayectorias condensan las tensiones, oportunidades y contradicciones del multilateralismo del siglo XXI, que se encuentra en una crisis de legitimidad. Vistos en conjunto, simbolizan un momento de transición, demostrando que liderazgos africanos son capaces de ocupar altos mandos en el sistema político internacional.

Pero también prueban que la “legitimidad de origen” se desgasta rápido si no se traduce en capacidad de ejercicio: acuerdos más acordes con la realidad, instituciones más transparentes y mayor rendición de cuentas.

La pregunta es: ¿lograrán estas figuras reformar desde adentro organizaciones internacionales que han sido consideradas ajenas a las prioridades de África? Sus biografías nos dan las claves para responder este cuestionamiento, así que vayamos a ello.

Este 2020 quedará grabado en la historia como el año en que la humanidad enfrentó una intensa y desgastante lucha contra una nueva cepa de coronavirus con origen en China: el SARS-CoV-2 o COVID-19. Ante este inesperado suceso, la Organización Mundial de la Salud (OMS), con sede en Ginebra, Suiza, tuvo que enfrentarse a la peor crisis sanitaria desde su creación, y de esta forma, de la noche a la mañana, Tedros Adhanom, su director general, quedó al frente de esta lucha como su principal cara.

Él es biólogo y médico epidemiólogo e inmunólogo, con una larga experiencia como funcionario público en Etiopía . Nació en 1965 en la ciudad de Asmara, la actual capital de Eritrea, que en ese entonces era provincia del Imperio de Etiopía. Estudió Biología en la Universidad de Asmara, y desde joven es militante del Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF, por sus siglas en inglés), que durante los años en los que gobernaba el Consejo Administrativo Militar Provisional (DERG), era un partido clandestino.

Tras la caída del DERG en mayo de 1991, Tedros aprovechó para profundizar en su formación académica en los Estados Unidos y en Europa, pero regresó a su país en 2001 para dirigir la Oficina de Salud de Tigray desde Makele, la capital regional. Tras lograr buenos resultados fue transferido al Ejecutivo central, donde fue ascendiendo rápidamente hasta llegar al puesto de ministro de salud.

En sus siete años en este cargo logró avances realmente sorprendentes, mismos que están plenamente sustentados por datos duros. Paralelamente fue cultivando grandes relaciones con China y los Estados Unidos, adquiriendo un rol de activista sanitario internacional.

Después del fallecimiento de Meles Zenawi en 2012, el nuevo Ministro Hailemariam Desalegn colocó al doctor Adhanom en el Ministerio de Exteriores. Como diplomático participó como mediador en algunos conflictos del continente y abogó por la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) en la Unión Africana. Además, estrechó buenas relaciones con China y los Estados Unidos, donde desarrolló sus cualidades como hábil negociador.

Su amplia experiencia dentro del sector sanitario etíope, sus éxitos diplomáticos y sus vínculos con las más grandes fundaciones internacionales en materia de salud lo colocaron como un fuerte y natural aspirante para dirigir la OMScargo para el que finalmente fue elegido en mayo de 2017.

Sin embargo, su figura siempre ha estado a la sombra de los ex primeros ministros Meles Zenawi y Hailemariam Desalegn, cabezas de un régimen ejecutivo elogiado por sus éxitos económicos, pero también censurado por su autoritarismo y abusos represivos. Una de las acusaciones más graves en su contra fue el destape de un supuesto encubrimiento de unos brotes de cólera durante su gestión en el Ministerio de Salud en Etiopía, asunto que el Doctor Tedros calificó como falso.

Su nombramiento como director de la OMS respondía a la necesidad de fortalecer y consolidar los logros en materia de salud en los países africanos, en aspectos como el aumento en la esperanza de vida, reducir la mortalidad materna e infantil, intensificar las campañas de vacunación y en encarar las enfermedades del ébola y del VIH, las cuales afectan principalmente a los países del continente africano.

Se esperaba que su éxito y experiencia previa en Etiopía conduciría a la creación de las condiciones necesarias para alcanzar mayores avances en salud y sanidad en África, uno de los principales campos de acción de esta organización.

Así estaban las cosas cuando, apenas en su segundo año de gestión, una nueva y misteriosa enfermedad apareció en la ciudad china de Wuhan. Y a partir del 31 de diciembre de 2019 Tedros Adhanom y el personal de la OMS a su cargo han emitido diversas orientaciones y recomendaciones para enfrentar esta crisis sanitaria, mismas que han evolucionado al ritmo que marcan los acontecimientos.

La sucesión de mensajes del director general dirigidos a alertar y exhortar a todas las naciones para encarar la amenaza del COVID-19 no han estado exentos de polémica y controversia. Ante esto, Tedros ha puesto “el pecho a las balas”, y llamó a no politizar una pandemia que el 9 de abril de 2020 ya estaba extendida a casi todos los países y territorios del mundo, y que acumulaba, en la fecha de publicación de este artículo, más de 71.5 millones de casos y 1.6 millones de muertes, siendo los más golpeados Estados Unidos, India, Brasil, Rusia y Francia.

Según el Doctor Tedros, solo desde la unidad mundial se podrá ganar una lucha que trasciende fronteras, subrayando que debe prevalecer un espíritu de solidaridad y cooperación entre todas las naciones. Para su desencanto, estas declaraciones no han evitado críticas y suspicacias por la actuación de Tedros y la OMS, sobre todo por Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, ya que les recriminó una lentitud de respuesta en las primeras fases del brote del COVID-19, a minimizar la gravedad del mismo y en encubrir a China, que según el todavía mandatario estadounidense, controla la OMS.

Este conflicto escaló a tal grado que en el mes de julio Trump anunció la salida de su país de la OMS, país que contribuye aproximadamente con el 16% del presupuesto de la organización. De esta manera Tedros Adhanom se encuentra en medio, por un lado, de la lucha contra el COVID-19, y por otro, de las disputas geopolíticas que la misma pandemia genera.

Sin duda esta es una posición incómoda para cualquiera, por lo cual es fundamental que siga manteniendo la calma ante la tormenta, puesto que los reflectores de todo el mundo están posados no solamente en sus discursos, también en sus acciones en otros ámbitos, lo cual ya ha dado paso a la formación de rumores sobre su persona, como las acusaciones por parte del Ejército Etíope de que el Director de la OMS está apoyando a las autoridades de Tigray, lo cual ha negado.

Originalmente, como africano, Tedros Adhanom estaba destinado a mejorar las condiciones de salud en el continente africano, pero las circunstancias lo han llevado a estar al frente en la lucha contra la pandemia del COVID-19, la cual está lejos de ser controlada, y en el horizonte aparecen nuevos presagios de conflicto, como el desarrollo de las vacunas y los intereses políticos y económicos en torno a su posesión e implementación, además de atender el resto de la agenda global en materia de salud, que ya de por sí estaba saturada.

Como principal responsable del máximo organismo internacional en materia de salud debe seguir trabajando para generar sinergias y orientar a los países miembros para mejorar las condiciones sanitarias en todo el mundo. Todo ello bajo el principio de que ninguna persona puede estar por encima de ninguna institución u organización, mucho menos en una tan importante de corte internacional como la OMS.

Con todo, la conducción de la pandemia del COVID-19 por parte de la OMS y su director ha sido positiva, siempre tomando decisiones y emitiendo recomendaciones que están plenamente comprobadas y que cuentan con respaldo científico.

Pese a ello, la misma pandemia del COVID-19 ha puesto al desnudo algunos puntos débiles de la propia organización, sobre todo en materia de financiamiento, así como la falta de apoyo y respaldo de parte de la Comunidad Internacional. A sus 55 años Tedros Adhanom ha sabido potenciar sus destrezas y minimizar sus sombras, por lo que su perfil y experiencia le permiten seguir siendo alguien capaz de dirigir la OMS.

Los economistas africanos y las perspectivas económicas del continente suelen estar relegados de los debates globales en la materia, debido a un sistema económico internacional que aún es dominado por instituciones occidentales, donde se han impuesto narrativas y teorías originadas en esta parte del mundo, que ignoran totalmente las particularidades de las economías africanas.

Aunado a lo anterior, las mujeres africanas deben esforzarse todavía más por acceder siquiera a un cargo público en sus países. Pues Ngozi Okonjo-Iweala no solo logró obtenerlo en su nación, sino también a nivel internacional, llegando a convertirse en la directora de la Organización Mundial del Comercio (OMC), siendo la primera mujer y la primera persona de origen africano que desempeña esta función. Un doble triunfo.

Ngozi Okonjo-Iweala nació en 1954 en el Estado del Delta de Nigeria, donde su padre, el profesor Chukwuka Ben Okonjo, era el Obi (rey) de la familia real obahai de Ogwashi-Ukwu, una histórica ciudad de origen igbo con un fuerte carácter guerrero y espiritual.

Su origen real fue determinante para que Ngozi tuviera acceso a una educación de élite desde que era niña, un privilegio que muy pocos africanos pueden obtener. De hecho, su padre también fue un destacado economista y matemático, quien influyó mucho en su formación profesional .

Desde que era adolescente viajó a Estados Unidos a estudiar, en donde se graduó en Economía en la Universidad de Harvard y como doctora en Economía Regional en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, dos instituciones de enorme prestigio en la materia.

Bajo este respaldo, Okonjo-Iweala se convirtió en una tecnócrata tenaz y pragmática. Tuvo una carrera de 25 años en el Banco Mundial, llegando a convertirse en la directora gerente de operaciones, adquiriendo un enorme prestigio internacional al supervisar una cartera operativa de 81 mil millones de dólares en África, Asia Meridional, Europa y Asia Central.

En 2012 fue finalista para ser presidenta de esta institución, en un proceso donde por primera vez un candidato no estadounidense desafió la tradición de Washington, y aunque no ganó, marcó un precedente

De vuelta en su natal Nigeria fue dos veces Ministra de Finanzas (2003-2006 y 2011-2015), y brevemente Ministra de Relaciones Exteriores (2016). Es muy famosa por su lucha contra la corrupción, un mal muy extendido en África, especialmente en Nigeria.

Otra de sus preocupaciones fue librar al Estado nigeriano de deudas y despilfarros. Negoció con éxito una condonación de deuda de 18 mil millones de dólares y promovió reformas que, aunque impopulares, estabilizaron la economía, como la eliminación de los subsidios a los combustibles.

Su estilo directo y firmeza le valieron el apodo de “Okonjo-Wahala” (la que trae problemas). También impulsó reformas en materia empoderamiento juvenil, femenino y en transparencia presupuestal, obligando a cada uno de los 36 Estados del país y su distrito federal a publicar los fondos asignados

Debido a estas medidas, sufrió represalias, y su madre, Kamene Okonjo, de 82 años, fue secuestrada en su hogar en diciembre de 2012, aunque fue liberada sana y salva. En todo momento se han reconocido los dotes de liderazgo y la voluntad reformista de Okonjo-Iweala.

Desde el 1 de marzo de 2021 Ngozi Okonjo-Iweala es directora de la OMC, y fue reelegida para un segundo mandato que culminará en agosto de 2029. Aunque no forma parte del sistema de Naciones Unidas, la OMC es la única organización internacional global que se ocupa de las normas del comercio entre naciones. En su núcleo están los acuerdos negociados y firmados por la mayoría de las naciones comerciales del mundo, con el objetivo de garantizar que el comercio fluya de manera fluida, predecible y libre.

Okonjo-Iweala encontró una institución en crisis, con muchos críticos señalado que se aferraba a reglas mal adaptadas a los rápidos cambios de la economía global, como la digitalización, el comercio electrónico y la propiedad intelectual.

En lo que va de su gestión ha podido recuperar la relevancia de la OMC, reposicionando discusiones como comercio digital y cambio climático. En 2022 alcanzó por consenso un histórico Acuerdo sobre Subvenciones a la Pesca, con énfasis en la sostenibilidad marítima. Fue el primer gran acuerdo multilateral en casi una década, aunque para algunos se quedó corto frente a las ambiciones iniciales.

Durante la pandemia de COVID-19 lideró el debate global para evitar el “nacionalismo de vacunas” y promover su distribución equitativa como enviada especial de la Unión Africana. Otro acuerdo importante fue la firma de un Memorando de Entendimiento con la Organización Mundial de Aduanas (OMA) en respecto en áreas de interés y cooperación común, como el desarrollo del rastreador del Sistema Armonizado y la clasificación arancelaria.

Es inevitable dejar de vincular el liderazgo de Okonjo-Iweala en la OMC con el Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA, por sus siglas en inglés), proceso ha apoyado fuertemente, destacando su importancia y promoviendo iniciativas conjuntas entre la OMC y otros organismos para financiar y asistir a los países africanos en la implementación del tratado.

Este video muestra las declaraciones de la directora general de la OMC sobre los avances y la importancia de la integración comercial en África, continente que es el futuro del comercio internacional, y la OMC, bajo el mando de una economista africana, es la confirmación de este nuevo ascenso

Pero su reto más alto es lograr una reforma profunda dentro de la OMC y su sistema de solución de diferencias, así como avances concretos en comercio verde y digital, navegando en un entorno geopolítico y comercial tenso entre Estados Unidos, China y Europa.

En este sentido, el proceso de reforma a la OMC ya está en marcha, la cual propone la creación de un panel de expertos, tanto técnicos como políticos, que proporcionen una evaluación y recomendación independientes. Esta propuesta ha recibido el beneplácito de la Unión Europea, pero el rechazo de Estados Unidos.

Desde su primer mandato, el presidente de este país, Donald Trump, ha adoptado una postura crítica hacia la OMC, acusándola de estar al servicio de China. Además, critica a la organización por limitar la soberanía económica de su país, bloquear medidas contra prácticas comerciales desleales y paralizar el sistema de resolución de disputas.

Y es que los estatutos de la OMC son opuestos a las políticas comerciales de Trump, lo cual queda en evidencia una y otra vez. Así, Okonjo-Iweala queda en medio del fuego cruzado en el marco de la guerra arancelaria a nivel mundial impulsada por el gobierno estadounidense.

Pese a sus esfuerzos, lo cierto es que la OMC está bajo asedio. Okonjo-Iweala encarna la figura de una gestora de un consenso improbable. Recibió una OMC moribunta como foro de negociación, y en apenas un año la revivió con un importante acuerdo pesquero.

Los miembros le exigen avances en comercio digital y en la reforma del sistema de solución de diferencias, mientras la guerra comercial impulsada por China y Estados Unidos amenaza con bloquear cualquier avance que toque sus intereses estratégicos.

Es un escenario muy complicado, pero si triunfa en sus aspiraciones y objetivos, habrá demostrado que una economista nigeriana pude reescribir las reglas del comercio mundial que las viejas potencias industriales diseñaron a su medida.

Cerramos el análisis con otra mujer africana, pero con un perfil totalmente distinto. Ella es Kristy Coventry, presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI) desde junio de 2025.

Nació en 1983 en Harare, la capital de Zimbabue. Pertenece a la minoría blanca de este país, siendo su familia de origen europeo. Desde muy pequeña mostró interés hacia las actividades físicas, y llegó a practicar deportes como el tenis y hockey sobre césped. Pero fue en la natación donde encontró su verdadera vocación.

Consiguió una beca deportiva por la Universidad de Auburn, en Estados Unidos, lo cual impulsó su desarrollo tras clasificarse a los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 con solo 17 años. Posteriormente compitió en cuatro ediciones más de los juegos, siempre a un alto nivel.

Cuando aún era niña le aseguró a su padre que un día ganaría una medalla de oro, tras ver competir en televisión a la húngara Krisztina Egerszegi. Al final de su carrera terminó ganando dos preseas doradas, que más otras cinco de plata y bronce, dan un total de siete medallas, la cifra más alta alcanzada por cualquier atleta de África en la historia olímpica.

Del mismo modo, fue multimedallista en varios campeonatos mundiales de natación y Juegos Panafricanos, siendo sus últimos los de Brazzaville 2015, en los cuales ganó tres oros y un bronce.

Como nadadora zimbabuense, puso a su país en el podio dentro de un deporte históricamente dominado por potencias occidentales. Tras su retiro de las competencias acuáticas, asumió la titularidad del Ministerio de Juventud, Deporte, Arte y Recreación del gobierno de Zimbabue, en 2018, cargo que compaginó con su rol en el COI como presidenta de la Comisión de Atletas.

Como ministra de deportes logró que el país volviera a acoger competiciones internacionales, como el criquet y el rugby, pero su país fue sancionado por la FIFA porque el gobierno pretendía tomar el control de la asociación de fútbol.

Su gran popularidad dentro del país por sus éxitos deportivos y su cercanía con la élite gobernante del país le hicieron merecedora a ser apodada como “el rostro amable de la dictadura de Zimbabue”.

Así, su perfil se debate entre la figura inspiradora del deporte y la polémica política por servir en el gobierno de Emmerson Mnangagwa, sucesor del régimen autoritario de Robert Mugabe, lo cual le ha valido críticas y acusaciones por parte de activistas de derechos humanos por su silencio frente a un régimen acusado de represión y brutalidad policial.

Cuando se le pregunta por estos temas, Coventry suele responder que su labor se enfoca exclusivamente en el deporte y que no tiene responsabilidad ni poder sobre otras áreas del ejecutivo. Aquí cabe mencionar que, en su momento, Robert Mugabe la recompensó con un premio de 100 mil dólares por las medallas que ganó en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, época en que Zimbabue se precipitaba a la ruina económica y una intensa crisis política.

También ha sido señalada por los negocios de su esposo, Tyrone Seward, así como una supuesta asignación indebida de tierras agrícolas, asunto del que resultó absuelta.

Sus defensores destacan su gran capacidad diplomática y de consenso, forjada dentro de su disciplina deportiva. Hábil negociadora, ha sido pieza clave en decisiones del COI sobre el programa olímpico y el apoyo a atletas.

Su elección como presidenta del COI fue una operación política medida al milímetro, recibiendo el respaldo de su antecesor, Thomas Bach, lo que es interpretado como un indicio de continuidad institucional. Sin embargo, Coventry ha declarado que su mandato no será “una copia” del anterior, prometiendo modernizar el COI en temas como la tecnología y sostenibilidad financiera.

Es la primera mujer y primera persona africana en presidir el COI en 130 años de existencia. Rompió el llamado “techo de cristal” del deporte mundial con su elección, ganando en primera vuelta y haciendo válida su condición de favorita.

Tiene por delante un trabajo monumental: la designación de la sede de los Juegos Olímpicos de 2036 (con Qatar, India e Indonesia como potenciales candidatos) y la necesidad de mantener el interés de las audiencias jóvenes en los Juegos, compitiendo con los e-sports y las plataformas digitales de entretenimiento figuran entre los temas más importantes de la agenda olímpica.

La aún corta administración de Kristy Coventry enfrenta expectativas volátiles. Su sola presencia en la presidencia del COI reconfigura el tablero de la institución. El COI ha sido un “club de hombres americanos y europeos”. El hecho de que una mujer, africana, ex deportista y ex ministra de un país marcado por el autoritarismo lo presida obliga a preguntarnos si el movimiento olímpico sufrirá una gran transformación.

África es el único continente de la tierra en el cual ninguna de sus ciudades ha recibido la designación de ser sede de unos Juegos Olímpicos, y el liderazgo de Coventry podría ser determinante para que esto finalmente sucediera en un futuro no muy lejano.

No obstante, la prioridad debería ser el impulso de deporte en África, atrayendo las inversiones necesarias para que se convierta en una herramienta que complemente la educación, salud y desarrollo físico dentro de un continente repleto de carencias sociales por todos lados.

Dentro de este marco, COI podría generar sinergias y acuerdos con diversas instituciones nacionales e internacionales para coadyuvar al logro de esos objetivos bajo el liderazgo de Coventry.  Sin embargo, tal parece que ella no tiene este propósito dentro de sus prioridades, que incluyen temas como el empoderamiento femenino y un paquete de reformas para garantizar la autonomía y neutralidad política del deporte.

Actualmente tiene la mira puesta en la organización de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, y con grandes retos hacia el futuro, como la implementación de su agenda digital y sostenible en el COI, a la par que gestiona el legado de los Juegos Olímpicos y el apoyo a los atletas.

Su perfil y liderazgo político serán exigidos al máximo, como en sus épocas de nadadora, para que cumpla de manera eficiente y eficaz el trabajo que le han encomendado, aunque tendrá que lidiar con la sombra del régimen zimbabuense que, aunque no es responsable directa de las atrocidades cometidas, siempre llevará su sello.

El verdadero examen no serán sus discursos, sino las decisiones concretas que decida y la forma en que el COI aborde o guarde silencio sobre sus responsabilidades.


Carlos Luján Aldana

Economista Mexicano y Analista político internacional. Africanista por convicción y pasatiempo. Colaborador esporádico en diversos medios de comunicación internacionales, impulsando el conocimiento sobre África en la opinión pública y difundiendo el acontecer económico, geopolítico y social del continente africano, así como de la población afromexicana y las relaciones multilaterales México-África.

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