Religiones africanas y afrocaribeñas en México: historia, influencia y expansión

Este es un texto de divulgación rigurosa sobre el origen, la influencia y la consolidación de las prácticas religiosas africanas y afrocaribeñas en México, que mediante un enfoque histórico y conceptual, pretende explicar y desmitificar la presencia de este tipo de cultos en territorio mexicano.
¿Qué es el animismo?
Las religiones tradicionales africanas no pueden reducirse a una sola doctrina. Para empezar a abordarlas, es preciso afirmar que, al igual que en muchas otras cuestiones sobre el continente, sus religiones autóctonas son un auténtico crisol. Sin embargo, entre los pueblos de origen bantú existe un rasgo común: la convicción de la existencia de una energía sobrenatural que influye o puede influir en nuestras vidas.
La presencia de espíritus por todas partes, un concepto unitario de la realidad y el vitalismo son los fundamentos de muchas de sus creencias, prácticas y rituales, razón por la cual algunos antropólogos utilizan el término genérico “animismo” para referirse a todas ellas.
Aunque en términos prácticos esta palabra resulta muy útil para describir las religiones africanas autóctonas, en realidad, como categoría general, no hace justicia a la enorme diversidad de credos y cultos religiosos que existen en el continente. Como sea, debe quedar claro que el animismo en África es la visión de un mundo gobernado por almas y espíritus con conciencia propia sobre todo lo que existe.
Según sus creencias, el Dios del animismo está tan lejos de los hombres, que éstos no se pueden dirigir a él directamente. La conexión y comunicación se realiza a través de espíritus intermediarios (antepasados, elementos de la naturaleza, máscaras, estatuas, etc.), a los cuales se necesita agradar mediante la figura del sacerdote, quien se presenta como un intérprete de lo oculto.
El culto a la madre y a la tierra es una de las manifestaciones más importantes del animismo, que en conjunto forman una sola unidad (“la madre tierra”). Por ello, muchas comunidades africanas mantienen un vínculo espiritual con su lugar de origen y con la familia. En varias sociedades del África precolonial, esta relación también se expresó en estructuras matrilineales.
Esta espiritualidad africana va más allá de los rituales y creencias paganas. Simplemente se trata de una forma de pensamiento filosófico y simbólico que responde a otros modos de concebir la realidad, distintos de los cánones considerados “verdaderos” por otras culturas.
Occidente, por ejemplo, relega las religiones nativas de África por considerarlas como ritos propios de salvajes e ignorantes. No obstante, y en esencia, no son muy distintas a aquellas que han surgido en otras partes del mundo, dado que se encuentran estrechamente vinculadas con su entorno natural y cultural.
A pesar de que el Cristianismo y el Islam se han expandido a lo largo de África en los últimos siglos, las religiones animistas siguen teniendo un peso bastante considerable en algunos lugares, sobre todo en el Centro y el Occidente del continente.
La religiosidad animista de Togo y otros lugares de África Occidental.
Togo es uno de esos lugares donde el animismo está muy arraigado. Se trata de un pequeño país del Occidente de África, muy pequeño y singular, ya que en un mapa parece estar “apretado” entre Benín y Ghana, formando una estrecha franja territorial.
Se calcula que, en esta zona predominantemente selvática, hace unos 4.000 años, surgió una de las religiones animistas más extendidas por África y el mundo: el vudú, voodoo o vodún, que desde entonces está en constante evolución tanto en Togo como en Benín, países que comparten la misma devoción. Originalmente ambos formaban una misma nación, pero el colonialismo francés los dividió, trazando fronteras a su conveniencia.
La palabra vudú se traduce como espíritu, alma o fuerza en lengua fongbé. En el imaginario colectivo el vudú está relacionado con la magia negra, los muñecos de trapo, alfileres y hechizos. No obstante, y para desencanto de muchos, su verdadero sentido es mucho menos tenebroso.
En realidad, el vudú otorga vida a cada elemento del entorno, como rocas, árboles, animales y fenómenos atmosféricos, los cuales, según sus creencias, contienen espíritus con los que se conectan a través del baile.
Lomé, la capital de Togo, alberga el mercado de amuletos más grande de África, donde podemos encontrar todo tipo de objetos relacionados a sus creencias y rituales. Para los creyentes, es como si fuera una farmacia; para los extranjeros, un lugar turístico que se merece acceder mediante una visita guiada.

Dado el desprecio y estigmatización del vudú y otras prácticas animistas, muchos de sus fieles continúan sintiendo culpa por creer en estos rituales. En ello han contribuido los curas y los imames, quienes aseguran que no se puede profesar dos religiones al mismo tiempo.
No obstante, las ceremonias animistas tradicionales continúan celebrándose, muchas veces en la clandestinidad y mezclándose con religiones más modernas. Según estimaciones realizadas por la Universidad de Lomé, el 35.6% de los 8.2 millones de togoleses son animistas, mientras que el 43.7% son cristianos y el 14% musulmanes sunitas. Aunque no es la religiòn mayoritaria de Togo, la proporción de población que profesa el vudú es la mayor entre todos los países de la región. Por su parte, Benín es el único país en el mundo en el que su gobierno reconoce al vudú como religión oficial desde 1996.
Del mismo modo, los pueblos yoruba e igbo, de Nigeria, y los Akan, de Ghana, mantienen sistemas filosóficos y espirituales similares, que adoran un Dios supremo y deidades menores que controlan las fuerzas naturales, conocidos como orishas en la cultura yoruba.
Todos estos sistemas religiosos fueron “exportados” junto con los esclavos africanos hacia América entre los siglos XVI y XIX, cuya trata sustrajo a millones de personas de su tierra natal, y junto con ellos, todo su acervo cultural y su idiosincrasia permearon en todas las regiones del “Nuevo Mundo”, fusionándose con elementos europeos y nativos americanos.
Las prácticas religiosas africanas y afrocaribeñas en México durante la colonia.
¿Existen religiones africanas en México? La respuesta es sí, pero se expresan en un sincretismo religioso que ha venido construyéndose desde hace siglos, proceso que comenzó a forjarse desde la época colonial, tras la llegada de esclavos de África.
La influencia de la cultura africana en México está presente en muchos aspectos. Sin embargo, a veces resulta difícil identificar algunos de ellos como parte de nuestra herencia afrodescendiente, y las religiones tradicionales africanas son un buen ejemplo de ello, cuyos rituales son comunes desde hace tiempo en toda la República.
No obstante, y a diferencia de otras expresiones culturales, las religiones tradicionales africanas no habían impactado de manera importante en la vida social y cultural del país, hasta hace relativamente poco tiempo, en donde las islas del Caribe desempeñaron un papel fundamental en su difusión, actuando como intermediario o trampolín.
Hay que marcar algunas precisiones para comprender los factores que contribuyeron a la tardía expansión de las religiones de origen africano en México. Para empezar,hay que reconocer que es imposible determinar con exactitud el origen de los esclavos negros que llegaron a México, aunque se sabe que la mayoría de ellos eran originaros de las regiones centrales del continente africano, por lo cual no hay evidencias concretas y claras de la religión de los esclavos africanos en la época colonial.
En algunas partes la población esclava conservó ciertos rasgos de su cultura, como las formas de las casas, la danza y la música, pero en relación con sus creencias religiosas, más bien fueron ellos quienes terminaron adoptando las costumbres de los pueblos indígenas de alrededor.
Varios factores habrían influido en este hecho, como el impulso a las misiones de evangelización que se llevaron a cabo hasta en el más remoto lugar del Virreinato de la Nueva España, el temor latente al Tribunal de la Santa Inquisición y que, a diferencia de la región occidental, el animismo que practicaban los africanos en el centro del continente en aquella época era vago, vinculado estrechamente con el jefe del clan o de la tribu.
En esa parte de África la selva es densa, y al cortarse súbitamente la conexión con su lugar de origen, no resulta complicado creer que sus rituales ya dejaran de tener sentido para ellos y decidieran adoptar un nuevo credo, en gran parte obligados por las circunstancias. Todo esto facilitó su inmersión en el catolicismo y en las creencias de los indios.
No obstante, no debemos perder de vista que un sector de los esclavos africanos continuó conservando algunos de sus rituales originales, mezclándolos y adaptándolos con los principios del catolicismo, evitando la ruptura total con su cultura originaria.
Este hecho contribuyó a una percepción falsa y llena de prejuicios entre la población novohispana sobre la magia, la hechicería y religiosidad de los esclavos de origen africano. La figura y leyenda de la Mulata de Córdoba resulta un magnífico ejemplo.
Se trata sobre una mujer muy hermosa, misteriosa, sabia y hechicera, que se decía tenía un pacto con el diablo para verse siempre bella. Encarcelada y sentenciada a muerte por el tribunal de la Inquisición, pintó un barco en su celda, subió en él y jamás regresó.

Esta narrativa, transmitida de forma oral, difundió una imagen superficial de la comunidad afrodescendiente del país, especialmente de las mujeres, que se asocian con la magia negra, lo desconocido y lo exótico.
En suma, ante este escenario adverso a su práctica y difusión, durante el Virreinato las religiones africanas no cumplieron con las condiciones necesarias para que se mantuvieran.
Fue a partir de los siglos XVIII y XIX cuando los esclavos traídos a América provenían, en su mayoría, de la zona del golfo de Guinea, en los actuales Togo, Benín y Nigeria, justo donde se ubican los pueblos fon y los yorubas, cuyas sociedades estaban divididas en numerosos reinos de diferentes tamaños, de gran desarrollo y con numerosas ciudades, muchas de las cuales siguen siendo importantes hasta hoy, y algunos de esos pueblos estaban en complicidad con los europeos en el comercio negrero, como lo podemos constatar en Dahomey.
Este punto es muy importante, dado que en esa región los pueblos, en sus orígenes, eran socioculturalmente más desarrollados, tal como lo revisamos anteriormente. Pero ya para entonces el tráfico de esclavos a México disminuyó considerablemente, tras los disturbios generados por la lucha por la independencia y los sucesivos decretos insurgentes que prohibían la esclavitud, hasta que en 1829 fue abolida oficialmente por el presidente Vicente Guerrero.
A pesar de ello, aún se observa que el tráfico ilegal continuó durante algún tiempo, específicamente en el puerto de Campeche, donde sí se observan rasgos propios de los yorubas entre su población afrodescendiente.
El papel de las islas del Caribe en la consolidación y crecimiento de las religiones de origen africano en México.
A diferencia de México, en las islas del Caribe y en Brasil continuaron arribando esclavos durante la mayor parte del siglo XIX, dando lugar a la difusión de prácticas religiosas de origen africano.
En el caso específico del Caribe, en sus islas la población autóctona fue exterminada, lo cual favoreció la agrupación de los esclavos, y por ende, el mantenimiento de sus raíces africanas, incluida la religión, donde la mayoría de sus elementos, los nombres de los espíritus y el orden de los rituales, corresponden a los fon y los yoruba, aunque con el tiempo, a consecuencia de su introducción en tierras americanas, se han mezclado con imaginería católica, tal como ocurrió en México durante la colonia.
Como resultado de este proceso histórico han surgido religiones que podríamos etiquetar como “afrocaribeñas”. En el siguiente cuadro se enlistan las más grandes e influyentes prácticas religiosas que tienen su origen en algún punto del Caribe, destacando su origen y presencia en México.
| Práctica religiosa | Lugar de origen | Descripción general | Presencia en México |
| Religión yoruba | Nigeria | Religión tradicional del pueblo yoruba, en África Occidental. Rinde culto a Olodumare (deidad suprema) y a los orishas, antepasados deificados. Se transmite de forma oral y no tiene un escrito sagrado. | Está presente en el país, pero es poco común. |
| Santería | Cuba | Surgida del sincretismo de la religión yoruba con el catolicismo y espiritismo. Se caracteriza por la adoración a los orishas sincronizados con los santos católicos, sin dogma centralizado. | Presente desde mediados del siglo XX. Se practica en zonas urbanas, sobre todo en la Ciudad de México y su área metropolitana. Ha tenido un notable crecimiento y se complementa con otras prácticas religiosas. |
| Vudú | África Occidental (Benín, Togo y Ghana, principalmente) | Religión tradicional que cree en un Dios supremo (Bondye) y espíritus menores (vodúns). Incluye el culto a los ancestros. | Su presencia es limitada y se circunscribe a comunidades muy específicas. |
| Palo Mayombe | Congo | De raíces bantús de África Central, trabaja con las fuerzas y espíritus de la naturaleza. Su práctica se consolidó en Cuba, aunque su práctica es más reservada que la santería. | Se practica en México de forma paralela y complementaria a la santería, sobre todo en la Ciudad de México. |
| Palo Monte | Cuba | Rama de las religiones bantús en Cuba, centrada en la naturaleza y el culto a los ancestros. | Su presencia se limita a zonas urbanas del país. |
| Candomblé | Brasil | Surgida del sincretismo de cultos yoruba, bantú y vudú. Se adora a orishas, voduns, y se divide en “naciones” según el grupo étnico de orígen. | Presente en México, pero muy poco extendida. |
| Ifá | Nigeria | Sistema de adivinación de la cultura yoruba, la base literaria para la santería y otras religiones. | Se practica como sistema adivinatorio complementario de la santería y otras tradiciones. |
| Abakuá | Cuba | Sociedad secreta masculina de origen ekpe con un fuerte componente ritual y de danza, originario de la región del Calabar. | Muy escasa, prácticamente nula. |
| Umbanda | Brasil | Religión sincrética que mezcla el espiritismo del candomblé, religiones bantúes, catolicismo y creencias indígenas. Destaca el culto a los Pretos Velhos y Caboclos. | Está registrada en México, aunque su presencia es minoritaria. |
Fue en la década de los años 40 del siglo XX cuando en México comenzó la difusión masiva de las prácticas religiosas afrocaribeñas, con la llegada de las rumberas y sus músicos al cine mexicano y los espectáculos que dominaron la vida nocturna de las principales ciudades del país, en un momento en el cual sus ritos y prácticas ya estaban totalmente consolidadas.
Posteriormente este proceso se aceleró después de la Revolución Cubana, donde algunos cubanos abandonaron la isla para establecerse en las principales urbes de Norteamérica, como Miami, Nueva York, Los Ángeles y, por supuesto, la Ciudad de México.
De entre todas las prácticas afrocaribeñas, sin duda alguna la santería es la que mayor tiene difusión en México. En términos generales, es una práctica religiosa de origen cubano que, a nivel antropológico, representa un elemento que da explicaciones subjetivas a las enfermedades ligadas con el mundo sobrenatural, y cuyo ejercicio representa un factor de identidad cultural basada en una estructura jerárquica definida.
Cuando llegó a México empezó a incorporar elementos de nuestro contexto cultural, al grado de convertirse en una práctica complementaria a otros sistemas de creencias, sobre todo del catolicismo, pero la esencia de la cultura yoruba se mantiene.
Con base en el testimonio de un santero, la santería tal y como se conoce es un sincretismo religioso donde en un afán de esconder la religión africana y sus prácticas mágicas, los lucumís (sacerdotes) identificaron a las deidades africanas (orishas) con los santos del catolicismo.
Pero en México, además del sincretismo religioso con lo católico, las prácticas religiosas afrocaribeñas se han fusionado con algunos antiguos rituales que se remontan a las culturas prehispánicas, que tienen una esencia y cosmovisión muy similares a los yorubas, como el culto a los ancestros (muertos) y el conocimiento de técnicas de curandería y herbolaria para tratar enfermedades.
En concreto, uno de los lugares con mayor tradición en cuanto a misticismo y espiritualidad se refiere es el pueblo mágico de Catemaco, en el Estado de Veracruz, debido a que sus ejecutores aseguran poseer poderes que les permiten transmutar en espíritus, conocidos por los lugareños como nahuales. Éste es un lugar que cuenta con una flora y fauna exuberante, así como una emblemática laguna.
El origen de los brujos en este sitio se remonta a la cultura olmeca, la más antigua de la región mesoamericana, donde de acuerdo a evidencias arqueológicas, había un brujo o chamán que entraba en trance para poder comunicarse con los espíritus. Posteriormente el sitio adquirió influencias de los totonacas, los mexicas, y ya en la época colonial, se incorporaron elementos cristianos. Los brujos son generalmente personas de gran respeto y muy distinguidas dentro de la comunidad, con larga experiencia y conocimiento del ambiente físico y la psicología humana.

En la ciudad de Mérida, Yucatán, también podemos encontrar a muchas personas que se dedican a este tipo de rituales. Por su parte, la capital de la República alberga el mercado de Sonora, reconocido por ofrecer al público objetos para estos fines, lo cual revela que este tipo de prácticas no se encuentran presentes solamente en las zonas costeras, sino que muchos de sus fieles viven en las grandes ciudades.
Aunque un brujo no es lo mismo que un santero, existe una línea muy sutil entre sus prácticas, al grado que la santería y otras prácticas religiosas afrocaribeñas han estructurado ciertos actos de los curanderos de Catemaco, como los rituales de iniciación, amarres, limpias, entre otros, entremezclándose formando creencias sobrenaturales.
¿Por qué siguen creciendo las religiones de origen africano en México?
La confluencia de las prácticas religiosas afrocaribeñas, las tradiciones locales y el cristianismo, generan un ambiente de misterio, confusión y rechazo entre un sector de la población mexicana, lo que ha dado lugar a la estigmatización y mala reputación de todas ellas, en especial las de origen afrocaribeño.
Ante la diversidad de credos afrocaribeños, así como el desconocimiento de su verdadero origen y simbolismo de sus prácticas, resulta fácil no solo estigmatizarlas, sino también utilizar algunos de sus rituales para cometer fechorías, maldades y crímenes, razón por la cual son vinculadas con la magia negra, los demonios, y algunos de sus profesantes han sido señalados por sus vínculos con la delincuencia.
El caso de los narcosatánicos en 1989 fue uno de los causantes de la formación de esta tergiversada idea dentro de un sector de la sociedad mexicana, que llevó a la clandestinidad a gran parte de estas prácticas religiosas.
No obstante, la santería y otras prácticas afrocaribeñas siguen siendo populares, con practicantes por todo el país. De acuerdo con algunos especialistas en el tema, estas religiones han crecido tanto por el afán de sus creyentes por tener “menos incertidumbre y más seguridad” de lo que pasa en su entorno.
Parte de la atracción hacia estas prácticas también se debe a la tendencia por recurrir a cuestiones mágicas y tener vínculos con fetiches u otros objetos. En la prensa escrita, radio y televisión no es difícil encontrar anuncios en la prensa o en las calles de gente que ofrece servicios de sanación, lectura de cartas o caracoles, limpias, amarres y demás trabajos relacionados, lo cual es un indicio de su éxito en México.
Entre sus fieles seguidores encontramos a gente de todas las clases sociales: amas de casa, estudiantes, taxistas, empresarios, personalidades de la farándula y hasta políticos, sobre todo a aquellos que han caído en desgracia, entre los que destacan Elba Esther Gordillo, ex lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), y el ex gobernador de Michoacán Lázaro Cárdenas Batel.
Pero también ha adquirido connotaciones negativas, pues también están documentados casos en los cuales algunos santeros se han convertido en padrinos espirituales de líderes de bandas delictivas y asociados con venta y distribución de drogas, como Pablo Andrés Garduño Pérez, conocido como “El Santero”, integrante del cartel criminal conocido como la Union Tepito.
Pese a todo, y si se sigue si real línea espiritual, las religiones africanas y afrocaribeñas no tienen nada de misterioso ni terrible. La gente que recurre a estas prácticas muestra la tendencia a saber sobre su futuro, buscar alternativas para mejorar su salud y solucionar problemas sentimentales, laborales y monetarios, todo lo cual refleja las principales preocupaciones de la sociedad: la pobreza, la enfermedad, la incertidumbre, y alimenta una religiosidad práctica y resignada.
Fenómenos como la globalización y la migración desde Cuba, Haití y Brasil también han contribuido a la difusión y crecimiento de las prácticas religiosas afrocaribeñas, donde cada uno de estos tres países latinoamericanos tienen establecidas grandes comunidades en México.
Además, el desencanto con las instituciones religiosas tradicionales y la búsqueda de nuevas espiritualidades entre las y los mexicanos – en el cual las redes sociales desempeñan un papel protagónico – han acercado al público nacional a los rituales africanos y afrocaribeños.
Y es así, de esta forma, como el animismo africano se encuentra presente en nuestras sociedades americanas. En los últimos años se observa un proceso internacional de reafricanización de sus prácticas a través del aprendizaje de culturas africanas como la yoruba, igbo y akan.
Existe una corriente de santeros mexicanos que pretenden seguir la “auténtica” religión africana, pero en países como Togo, Nigeria y Sierra Leona tienen poca noción de la dimensión internacional de su religión. En este sentido, pueden abrirse las puertas para una cooperación cultural entre las naciones ubicadas en ambos lados del Atlántico. Las condiciones están más que dadas.
Tanto en África como en América Latina, el mayor obstáculo para la difusión de las religiones animistas continúa siendo el desconocimiento, la estigmatización y el rechazo, por lo que es trascendental conocer sus orígenes, y esto es justo el objetivo de este artículo. Cualquier tradición, costumbre y prácticas cultural vigente se conecta con nuestra realidad socioeconómica y sociocultural, ya que éstas reflejan nuestra alma, nuestro sentir y nuestro ser.
Fotografía de portada: Andrea Mayerly Niño Hernández en Wikimedia Commons.
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