La guerra limpia por mejores servicios y sistemas de saneamiento en África

En el marco de la agenda de desarrollo 2063 de la Unión Africana, el año 2026 se centra en el tema del saneamiento. Entre las diversas acciones que los países del continente africano están llevando a cabo en esta materia, destaca una “guerra” que, en lugar de armas, utiliza otro tipo de tácticas y estrategias para alcanzar sus objetivos.
El continente africano ha estado marcado históricamente por los conflictos armados y el derramamiento de sangre. Tan solo en 2025 África fue el escenario con mayor número de conflictos (17), seguida de Asia-Pacífico (12) y Medio Oriente (7), de acuerdo con un informe de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Dentro de esta alta conflictividad, la guerra civil sudanesa fue el conflicto armado con mayor letalidad, causando la muerte de más de 17,800 personas. Otros focos rojos se concentran en el Sahel, Somalia, Nigeria, el este de la República Democrática del Congo y, más recientemente Etiopía.
Todo este conjunto de violencia ha obstaculizado el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la implementación de la Agenda 2063, el plan maestro de la Unión Africana para lograr la transformación socioeconómica, la integración y el desarrollo inclusivo del continente.
En el caso particular de África, alcanzar dicha transformación requerirá de enormes esfuerzos e inversiones, pero existen gobiernos que están dispuestos a hacer lo que sea necesario para impulsar el desarrollo de sus naciones… incluso de ir a la guerra.
Este es el caso de Ruanda y Namibia, países que se han enfrascado en una “guerra limpia”, desarrollando una gran rivalidad. Pero ésta no es enemistosa. Todo lo contrario. Ambas naciones están compitiendo por demostrar quién de los dos es el país más limpio del continente.
Actualmente Kigali, la capital de Ruanda, es considerada como la más limpia del continente, seguida por su similar de Namibia, Windhoek. Entre las acciones que llevaron a cabo las autoridades y sociedad civil ruandesas para alcanzar este reconocimiento destacan las jornadas comunitarias obligatorias conocidas como umuganda, donde todos los ciudadanos (incluidas las autoridades) participan en la limpieza y mantenimiento de las calles.
Desde 2008 Ruanda mantiene una estricta ley que prohíbe el uso de plásticos de un solo uso, multas estrictas a quien tire basura en la vía pública y botes de basura en los comercios locales, lo cual ha llevado a la construcción de una cultura ciudadana ordenada y limpia.
Namibia no se ha quedado con los brazos cruzados. Para intentar arrebatarle el primer lugar a Kigali (que perdió en 2013), se ha lanzado la campaña “Windhoek Clean-up campaign” (campaña por la limpieza de Windhoek).
En el marco de esta campaña, niños y niñas de escasos recursos, así como algunos voluntarios, recolectan bolsas con basura para ser canjeadas por productos de higiene personal y otros productos de la canasta básica, como jabón, papel higiénico, arroz, sal, frijoles y vegetales.
Creadores de contenido y ciudadanos ruandeses y namibios se han dado a la tarea de “verificar” si los espacios públicos en sus ciudades capitales realmente son tan limpios como parecen, y probar que su país sigue siendo el número uno, para lo cual publican fotos en redes sociales.


Este tipo de iniciativas, además de estimular un ambiente de sana competencia, contribuye a tener no solamente mejores servicios y sistemas de saneamiento, sino que también estimula una mayor sostenibilidad, fomenta el turismo y se construye una mejor infraestructura sanitaria en ambas naciones.
Esta guerra limpia se desarrolla en el marco del tema prioritario de la Unión Africana para 2026, que es “Garantizar la disponibilidad sostenible de agua y sistemas de saneamiento seguros para lograr los objetivos de la Agenda 2063”.
Este tema se adoptó oficialmente en la 39ª Cumbre Ordinaria de la Unión Africana, celebrada el 14 de febrero de 2026 en Addis Abeba, Etiopía, en la sede del organismo continental.
El presidente de la Comisión de la Unión Africana, Mahmoud Ali Youssouf, calificó el acceso al agua como un bien colectivo que debe promover simultáneamente el desarrollo y la paz, mientras que el presidente rotatorio saliente de la Unión Africana, el angoleño João Lourenço, consideró que el agua es una prioridad política, moral y estratégica esencial para el desarrollo, la salud pública, la seguridad alimentaria y la estabilidad de África.
El saneamiento es un tema amplio, así como un fenómeno tan interesante como menospreciado. Aunque muchos estudios lo relacionan con los retretes y la defecación, el saneamiento va mucho más allá. Un saneamiento básico consta de todas las medidas higiénicas que evitan el contacto humano con los desechos y los residuos, lo cual conlleva garantizar al menos las siguientes condiciones:
- Agua potable y segura.
- Disposición sanitaria de excrementos y aguas residuales.
- Manejo y gestión adecuadas de residuos sólidos y sanitarios.
- Desinfección doméstica del agua.
- Prevenir la propagación de fauna nociva.
Todas estas medidas también forman parte del ODS 6: Agua limpia y saneamiento, que busca garantizar la disponibilidad y gestión sostenible del agua y saneamiento para todas las personas de aquí a 2030.
La adopción del asunto del saneamiento a nivel continental por encima de otros de igual importancia nos indica que existe un grave problema de acceso a servicios y sistemas de saneamiento en África que, en efecto, es muy serio.
De acuerdo con el Reporte de Desarrollo Sostenible para África 2026, elaborado en conjunto por la Comisión Económica para África (UNECA, por sus siglas en inglés), la Unión Africana y el Banco Africano de Desarrollo, el saneamiento continúa mostrando una brecha importante en relación con los objetivos propuestos.
Aunque de manera general la cobertura de saneamiento gestionado de forma segura aumentó aproximadamente del 24% en 2015 al 30% en 2023 en todo el continente africano, aproximadamente 650 millones de personas seguían sin servicios básicos de saneamiento, cifra que nos habla por sí misma los asuntos pendientes en la materia que los distintos gobiernos del continente tienen que encarar, en conjunto con la propia Unión Africana y otros organismos regionales, continentales y mundiales.
El progreso del continente africano en impulsar sistemas de saneamiento seguros es el más lento del mundo, el cual es más notorio en las regiones occidental y oriental de África, que sen encuentran por debajo del promedio de población africana con acceso a servicios de saneamiento.
Los resultados alcanzados hasta el momento son marginales, pero promisorios. Tenemos que subrayar la necesidad de realizar mayores inversiones en infraestructura sanitaria, así como una coordinación política más robusta con enfoques comunitarios. A su vez, el tema del saneamiento se encuentra estrechamente relacionado con el del agua, y considerando que África está atravesando por una grave crisis en la gestión y tratamiento del vital líquido, tal crisis se extiende a los servicios y sistemas de saneamiento.
Este tipo de servicios son fundamentales para la salud, dignidad y desarrollo sustentable en todo el mundo, y África tiene por delante mucho trabajo que realizar para alcanzar las metas del ODS, no solamente por parte del gobierno, sino también de otro tipo de actores sociales y de la sociedad civil.
La guerra limpia entre Ruanda y Namibia es un ejemplo poderoso que demuestra que si se utilizan las causas sociales y las tecnologías de la información y la comunicación en pro del desarrollo social, económico y sustentable se puede alcanzar una gran transformación de nuestras sociedades. ¡Ojalá y todas las guerras del mundo fueran como esta!
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