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La educación en Uganda: desafíos y lecciones para los sistemas educativos africanos

Dos de los pilares fundamentales para que una nación pueda progresar son la salud y la educación. En un artículo anterior repasamos el estado que guardan los sistemas y los servicios de salud en el continente africano, los cuales se encuentran muy lejos de alcanzar niveles óptimos en su funcionamiento.

Ahora toca el turno de analizar la situación de la educación en aquel continente, aunque, adelantándonos un poco, los resultados que presenta este sector también son muy escuetos. Pero esta vez nos concentramos en un solo país, Uganda, que constituye un buen ejemplo para demostrar la vulnerabilidad y fragilidad de los sistemas educativos y su pobre desempeño.

Para empezar, hay que partir del hecho de que la educación es un derecho humano básico consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos, dado que se trata de una actividad elemental para el desarrollo de cualquier individuo, en el sentido que su realización permite el acceso a otros derechos y puede ser un catalizador para alcanzar el desarrollo sustentable, acabar con la pobreza y lograr una convivencia armónica en comunidad. La educación, en todas sus formas, es un aspecto que está totalmente integrado a la vida.

La humanidad, en su proceso natural de adaptación, transformación y supervivencia a su entorno, ha tenido que aprender a potenciar y mejorar constantemente sus capacidades para lograr una mejor calidad de vida, por lo que requiere de la aprehensión de conocimientos a través de la enseñanza y el aprendizaje, que se entrelazan para convertirse en la base de los sistemas educativos.

Podríamos enumerar un sinfín de beneficios que la educación brinda a las naciones, por lo que una de las principales funciones del Estado debe ser garantizar este derecho para todas las personas, así como crear políticas públicas adecuadas en esta materia y un sistema educativo fuerte, gratuito, laico y de calidad.

Los futuros científicos, políticos, médicos y demás profesionistas necesitan contar con las herramientas suficientes para estar a la altura de los retos y problemas globales más importantes que las generaciones pasadas y actuales les hemos dejado.

Niños estudiantes africanos. Fotografía: Pixabay

Uganda es un pequeño país ubicado en África Oriental, sobre el territorio que alguna vez perteneció al Reino de Buganda, que durante el colonialismo fue un protectorado británico que se mantuvo hasta 1962, año de su independencia.

Buganda fue el núcleo y la base de la actual Uganda, cuyo territorio actual se conformó a partir de las reclamaciones de territorios al este y norte del reino, cuyas tropas ayudaron a los británicos a establecer normas coloniales en estas áreas, donde habitan principalmente tribus nilóticas, actuando como una especie de intermediarios o recaudadores de tributos en beneficio del protectorado.

De esta forma, la actividad económica, comercial y administrativa se concentraba en Buganda, especialmente en Kampala, la capital, mientras que el resto del país permaneció marginado. De este modo, la economía colonial británica acentuó las divisiones al interior de Uganda.

Bajo este contexto de desigualdad, la construcción del sistema educativo fue diferenciado en favor de Buganda, que se convirtió en un reino dentro de un Estado, disfrutando de una calidad de vida y de educación más alto.

Las autoridades británicas permitieron que las costumbres de los ugandeses se mantuvieran, incluso la monarquía, aunque de manera simbólica, ambiente que propició la creación de una base que generó algunos avances sociales, destacando en educación y en la lucha contra el VIH-SIDA.

Como resultado de todo lo anterior, durante los primeros años de vida independiente de las naciones africanas, Uganda era el referente en materia de educación en la región de África Oriental. Aunque en un inicio la educación era impartida principalmente por organizaciones religiosas (católicas y anglicanas) y era reservada a las élites políticas, tribales y monárquicas, el gobierno de Milton Obote (primer presidente y líder que encabezó la independencia) destinó el 25% del presupuesto nacional a la educación.

De esta forma, la educación en Uganda recibió un gran impulso para convertirse en una de las más prestigiosas, estables y de mayor calidad en el continente africano. Desde la época colonial y durante toda la década de los años sesenta, el país construyó un sólido sistema educativo enfocado en la excelencia intelectual, que tuvo a la Universidad de Makerere – una de las más antiguas y respetadas de África – como su principal centro académico independiente.

Muchos líderes africanos respetados de esta época estudiaron en Uganda, provenientes sobre todo de países de África Oriental y Central, atraídos por el alto nivel académico que tenía Uganda en aquel entonces. Algunos de ellos fueron Milton Obote, Julius Nyerere, Benjamín Mkapa, Joseph Kabila y Mwai Kibaki, así como los escritores Nuruddin Farah, Ali Mazrui, David Rubadiri, Ngugi Wa Thiong’o y Okello Oculi.

De esta forma, se esperaba que Uganda se convirtiera en un país desarrollado, teniendo como una de sus principales fortalezas un sistema educativo de calidad. Sin embargo, desde sus primeros años como país independiente, la inestabilidad política producida por las luchas por el poder, así como intensas persecuciones étnicas y religiosas, precipitaron al país en un enorme retroceso.

Todo comenzó cuando Milton Obote intentó crear un régimen de partido único, que fue frenado por un oficial de su ejército, Idi Amín, quien lo derrotó. Con Amín al frente, Uganda atravesó el periodo más oscuro de su historia (1971-1979). Fueron años de sangre, represión y terror.  

El ejército tanzano que puso fin al gobierno de Amín reveló al mundo las consecuencias de uno de los regímenes más crueles que se recuerdan. Bajo este ambiente de guerra, el desarrollo del sistema educativo fue frenado de forma súbita.

Después de un nuevo periodo a cargo de Obote, Yoweri Museveni, apoyado por el Ejército De Resistencia Nacional, toma la presidencia en 1986. La estabilidad y la paz regresaron por fin a Uganda, pero bajo un entorno de represión política, ausencia de valores democráticos y restricciones a la libertad de expresión. A partir de entonces Museveni no ha dejado el cargo de presidente, siendo hasta la fecha uno de los mandatarios más longevos de África.

Con todo, el gobierno ugandés finalmente pudo reformular su sistema educativo y recuperar algo de cobertura. Pero fueron aproximadamente 20 años los que se perdieron.

De acuerdo con su visión y funciones, el Ministerio de Educación y Deporte de la República de Uganda, tiene la encomienda de proveer, apoyar, guiar, coordinar, regular y promover una educación de calidad para todas las personas del país para la integración y el desarrollo individual y nacional, asegurando la cobertura y la igualdad de género en todos los niveles educativos.

En general, el sistema educativo ugandés está inspirado en el modelo británico. En 1997 el gobierno ugandés emprendió una ambiciosa reforma educativa que introdujo la educación primaria universal, y diez años más tarde, la educación secundaria. Posteriormente implementó el Plan Estratégico de Inversión en Educación (ESIP, por sus siglas en inglés), que subrayó la necesidad incrementar el acceso igualitario a la educación, asegurar su calidad y promover los niveles educativos post-primaria.

Además, se ha implementado un programa de acción afirmativa, enfocado en construir muchos colegios y mejorar la proporción de mujeres que asisten a la escuela. Con estas reformas y programas, Uganda intenta posicionarse a la vanguardia de la educación en África. No obstante, a pesar de que presenta avances alentadores, los resultados se han quedado por debajo de las expectativas.

A continuación, se muestran algunos de los indicadores educativos más importantes que ha presentado Uganda en los últimos años.

Imagen elaborada con IA.

El trabajo del gobierno ugandés en cuanto a impulsar su sector educativo ha rendido sus primeros frutos. Actualmente la tasa de alfabetización es del 77% para su población de más de 15 años, cifra que se encuentra por arriba del promedio de África Subsahariana (69%), y también ha mejorado en cuanto al porcentaje de alumnos que asisten a la escuela.

En materia de acceso a la educación primaria se ha alcanzado una cobertura casi universal, así como en paridad y equidad en el acceso a la educación, un aspecto muy destacable que contribuye a la reducción de brechas de desigualdad entre sexos. Cada vez se gradúan más ugandesas de las universidades, lo que aumenta las posibilidades de que tengan acceso a mejores salarios y mejor calidad de vida.

Sin embargo, la calidad de la educación no ha vuelto a ser la misma de antes, y si bien Uganda ha trabajado para reducir el número de infantes que no asisten a la escuela, lucha contra la mala calidad, la deserción y el ausentismo escolar.

De acuerdo con los resultados de un estudio, solo tres de cada diez alumnos inscritos en escuelas primarias ugandesas (32%) llegaban hasta séptimo grado (el último nivel en este país). La educación secundaria también ha aumentado su cobertura (52% en este nivel), pero la transición aún es baja debido a que está privatizada, de modo que solo las familias con cierto nivel de ingresos pueden permitírsela. También hay un elevado número de graduados sin empleo, lo que hace que compitan entre sí y los sueldos bajen, especialmente teniendo en cuenta el elevado porcentaje de jóvenes en la población.

La situación actual de la educación superior no es mejor. Las universidades ugandesas se encuentran en una crisis debido a la falta de insumos y fondos para su mantenimiento. A pesar de que Uganda cuenta con muchas instituciones a nivel superior en comparación con otros países vecinos, solamente dos de cada mil estudiantes pueden acceder a los estudios universitarios, aún en las instituciones públicas. El alto precio que los estudiantes tienen que pagar para estudiar ha ocasionado frecuentes huelgas.

Por tanto, una de las causas principales de la alta deserción escolar en Uganda es que la demanda de gratuidad de la educación rebasa las capacidades que el gobierno puede ofrecer.

Uganda posee una de las tasas de fertilidad más altas del mundo (5.8 niños nacidos por mujer), aspecto que impulsa la demanda de escuelas y servicios educativos. En muchos casos, las familias no tienen el poder adquisitivo suficiente para solventar los gastos escolares de todos sus hijos, quedando atrapados en el mismo círculo de pobreza.

Esta realidad nos demuestra la presencia de un gran número de factores económicos, sociales, culturales y familiares, principalmente, que influyen tanto en la calidad de la enseñanza educativa como en la adecuada asimilación de conocimientos por parte de los estudiantes, que muchas veces pasan desapercibidos por los responsables de las políticas educativas.

Muchos gobiernos africanos, incluido el ugandés, han asumido erróneamente que al construir colegios y pagar salarios a los maestros va a mejorar automáticamente la calidad de educación, dejando de lado o menospreciando todo el contexto que hay detrás del simple hecho de que los niños y jóvenes vayan a la escuela.

En el caso de Uganda, el 60% del presupuesto, que de por sí es bajo, se destina a pagar los salarios de los profesores, quienes carecen de las habilidades fundamentales y capacitación para desempeñar adecuadamente su trabajo, y a menudo, en un salón de clases, tienen la responsabilidad de dar cátedra a 100 alumnos al mismo tiempo, una locura. De este modo, no son casualidad las bajas notas de los estudiantes ugandeses en las evaluaciones.

Por otra parte, algunos especialistas subrayan la necesidad de fortalecer las funciones de inspección escolar de parte de las autoridades gubernamentales, especialmente en las zonas rurales, así como reclutar a más y mejores maestros y regular las políticas de cuotas para acceder a la educación media superior, importante para completar el ciclo educativo de los alumnos.

Por ello, es de suma importancia que el gobierno, en coordinación con las instituciones y demás actores que están involucrados en el sector educativo ugandés, ofrezcan a los niños y jóvenes oportunidades educativas, entendidas no solamente como garantizar el acceso a la escuela y desarrollar planes de estudio y métodos de enseñanza-aprendizaje, sino también como la creación de espacios para impulsar la formación integral  y convertir a los estudiantes en ciudadanos globales, a través del desarrollo de sus habilidades, competencias cognitivas, digitales y capacidades sociales, para que en un futuro tengan el poder de transformar su entorno.

Finalmente, la política lingüística refleja otro asunto delicado. Aunque el país es pequeño, coexisten alrededor de 60 lenguas e idiomas, lo que obliga a establecer una política muy meticulosa. Aunque se eliminó la imposición del inglés de la educación y la administración, y se realizaron esfuerzos para difundir el swahili como lengua oficial, en línea con la misión de la Unión Africana, muchas comunidades locales muestran reticencia para aprender en otra lengua.

El sistema educativo ugandés lucha contra éstas y otras inconsistencias administrativas. Las grandes inversiones en el sector educativo en el marco de la reforma educativa de 1997 evidentemente no han dado los resultados esperados. A pesar del incremento en el acceso a la educación desde 1996, la reducción de la población ugandesa que vive por debajo de la línea de pobreza desde entonces se debe más al crecimiento de los ingresos en el sector agrícola que a la inversión en el capital humano a través de la educación.

Uganda enfrenta un enorme desafío educativo, y no puede darse el lujo de desaprovechar su bono demográfico. La tasa de crecimiento demográfico del país es de 3.26%, y gran porcentaje de su población ugandesa cuenta con 14 años o menos, aspectos que deberían impulsar su desarrollo. Por desgracia, sus resultados confirman el hecho de que el éxito de un sector educativo no puede estar separado del contexto político y económico de un país, y Uganda no es, ni de cerca, el mejor ejemplo de gobernanza y bienestar social.

Pese a que en sus objetivos se encuentra garantizar una educación universal y de calidad, en la práctica está muy lejos de alcanzarlos. Todos sus claroscuros en la materia revelanla falta de planeación educativa y la poca trasversalidad de este sector con otros. El resultado es una deforme formación integral de los ugandeses, y esto ocasiona que no sean lo suficientemente capaces para impulsar el desarrollo de su país.

Los resultados que presenta la educación en Uganda no son muy distintos a los que registran muchos países africanos. Países como Liberia y Ghana también enfrentan problemas relacionados con la baja calidad de la educación, falta de infraestructura e insumos y la proliferación de escuelas privadas que amenazan los principios de la universalidad y gratuidad de la educación, que más bien es vista como negocio.

En otras regiones la cosa está peor, donde la educación escolar todavía es inexistente, y lucha contra muchos obstáculos para su implementación y desarrollo, como la propagación y prolongamiento de conflictos, las migraciones forzadas, el terrorismo, la falta de interés de algunos gobiernos y los malos prejuicios en torno a la escuela.

La inestabilidad política, económica y social continúan siendo los principales obstáculos para el avance de la educación en África. No solo impide la continuidad en los sistemas educativos, sino que vulneran todas las esferas de la sociedad.

Resulta interesante observar, en el siguiente cuadro, que entre los países africanos con menor desempeño educativo se encuentren aquellos que ha sido arrastrados por prolongados conflictos armados o propensos a ataques terroristas, como Níger, Chad, Sudán del Sur, República Centroafricana y Burkina Faso.

Elaborado con datos del Índice GEM, Unesco.

En muchas regiones de África, la educación tradicional la proporcionan la familia, el clan o el linaje. Es aquí donde se adquieren los valores, habilidades y aptitudes que guían a los individuos a lo largo de su vida. La adecuada comprensión de estas especificidades es la base para que la educación africana logre, por fin, desarrollarse.

Los modelos educativos occidentales impuestos por los europeos desde la época de la colonización, lejos de ayudar, perjudican los procesos de enseñanza en África. Los africanos y africanas fueron alienados de su ambiente a través de la educación colonial. Por esta razón, se requiere que los africanos revaloricen su cultura, su historia y descolonicen sus planes de estudio, para adecuarlos al contexto africano.

Para lograr este propósito, se requiere que se resuelva el dilema de los idiomas y la política lingüística. Al igual que Uganda, en gran parte de los sistemas educativos se enseñan en alguna lengua europea (sobre todo inglés y francés), cuando aún dentro de un país pueden hablarse decenas de lenguas y dialectos locales.

Por esto es tan importante que las políticas en materia educativa estén sujetos a las necesidades locales y regionales. Cada país debe asumir la responsabilidad de crear un sistema educativo que sea un fiel reflejo de las inquietudes sociales de su población, ad hoc con sus características socioculturales, realista y adecuado a la etapa de desarrollo económico en la que se encuentran, en lugar de copiar o adaptar modelos educativos occidentales incompatibles con su realidad.

Lo anterior no implica en absoluto que los africanos deban renunciar a teorías y métodos que se enseñan en otras partes del mundo. Todo lo contrario. Hoy, el fenómeno de la globalización exige ciudadanos globales, por lo cual no puede concebirse una educación que se enfoque solamente en las necesidades locales.

Los africanos tendrán que aprender de los avances, tecnología, métodos y teorías de otras partes del mundo y adaptarlos a su realidad. Las reformas educativas, además de incorporar este enfoque dual, tienen que poner más énfasis en la calidad del aprendizaje escolar, no sólo en el acceso.

África requiere nuevos planes de estudio que se adapten al progreso y la recuperación del tejido social de los africanos, no a las necesidades de los mercados o de las élites gobernantes, mediante un equilibrio que permita a los estudiantes una buena formación académica individual basada en sus méritos y un fuerte sentido social y comunitario.

Los gobiernos del continente también tienen que comprometerse más seriamente en destinar mayores recursos en investigación y desarrollo. Pero África, en promedio, gasta menos del 0.5% de su Producto Interno Bruto (PIB) en este rubro, lo cual también impacta en el desarrollo económico, tecnológico e industrial de cada país.

Sobra decir que también se debe aumentar el gasto en educación, que se mantiene bajo, en promedio, en 5% del PIB. En la siguiente gráfica se muestra la proporción del gasto en educación en 45 países del continente, siendo Namibia el país que más invierte en educación, y Nigeria, el que menos gasta en este importante rubro.

Elaborado con datos del Índice GEM, Unesco.

El panorama educativo africano está lleno de desafíos y retos gigantescos. Lo más importante es que los alumnos aprendan, se preparen a la altura de las exigencias locales, nacionales e internacionales, consigan empleos dignos y apliquen sus conocimientos. Es un ciclo multidisciplinario que exige buena gobernanza, planeación, coherencia y coordinación.

Sobre este último punto, el informe titulado Transformar el aprendizaje y el desarrollo de competencias en África (curiosamente suscrito en Kampala, Uganda) subraya la necesidad de una acción coordinada entre la UNESCO, la UNICEF y la Unión Africana para reforzar y equipar a los africanos de las herramientas educativas necesarias para un mejor futuro, en el marco de las metas para la educación en el continente y el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4): educación de calidad.

Estas instituciones trabajan a través de programas y planes directos y en colaboración con gobiernos a lo largo y ancho de África, pero en su camino se encuentran con innumerables obstáculos: falta de infraestructuras, escuelas, servicios básicos (agua, luz, etc.), escasez de maestros listos y más de 100 millones de niños africanos que no van a clases.

El progreso es extremadamente limitado. La calidad de la educación y la falta de aprendizaje son muy bajos. No basta con escolarizar. Hace falta financiamiento, infraestructura, insumos, material didáctico, instalaciones y, sobre todo, condiciones favorables para estimular el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Alcanzar altos niveles educativos no será fácil para África. Esta labor requiere de enormes esfuerzos, inversiones, voluntad, compromiso y gran movilización de recursos. África es un continente joven, y no puede darse el lujo de desaprovechar su bono demográfico. Invertir en la educación de sus niños y jóvenes es la mejor apuesta que pueden hacer los países africanos para transformar su realidad.

Fotografía de portada: Flickr


Carlos Luján Aldana

Economista Mexicano y Analista político internacional. Africanista por convicción y pasatiempo. Colaborador esporádico en diversos medios de comunicación internacionales, impulsando el conocimiento sobre África en la opinión pública y difundiendo el acontecer económico, geopolítico y social del continente africano, así como de la población afromexicana y las relaciones multilaterales México-África.

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