
La artista y pintora Frida Kahlo es una de las figuras más representativas de la cultura mexicana, alcanzando un enorme reconocimiento en todo el mundo, incluyendo África. En relación con esto, a continuación se expone el interés que el arte de Frida ha suscitado entre la población africana, así como el homenaje que realizó en sus obras al legado africano en México.
Sin duda alguna, Frida Kahlo es la mexicana más famosa y reconocida de todos los tiempos a nivel mundial. Su acervo cultural es la máxima representación del arte popular mexicano, al cual revaloró en su justa dimensión.
De ascendencia alemana, española e indígena, nació el 6 de julio de 1907 en Coyoacán, uno de los barrios históricos más concurridos y pintorescos de la Ciudad de México, lugar donde vivió toda su vida y en el que creó gran parte de su trabajo. Su hogar, la famosa Casa Azul, hoy es uno de los museos más visitados de México, que alberga gran parte de sus pinturas, artículos personales y sus cenizas.
Desde muy pequeña mostró interés y aptitudes hacia las expresiones artísticas, sobre todo a la pintura. A lo largo de su vida, aunque breve, fue admirada por los artistas e intelectuales de su época.
Su existencia está asociada a la de su esposo, Diego Rivera, también pintor y muralista mexicano, y juntos fueron una pareja muy influyente durante el periodo post-revolucionario. El matrimonio fue tormentoso, pero Frida y Diego compartieron una profunda conexión artística y política. Ambos eran miembros del Partido Comunista Mexicano y se involucraron activamente en la política de su país, teniendo de esta forma un impacto más allá de los límites del ámbito cultural.
La obra de Frida Kahlo había estado eclipsada por la de su marido, pero con el paso del tiempo y tras su muerte (acaecida el 13 de julio de 1954), se ha ido colocando en el lugar que se merece. Y es que, a través de ella, la artista mexicana dejó plasmada su alma, su vida y su libertad.
Fue pionera en muchas facetas. Feminista y socialista, nunca se dejó derrotar por su discapacidad. Desafió las normas de género y sexualidad de su época. A lo largo de su carrera artística, Frida exploró temas como el dolor, la identidad, la infertilidad, la maternidad frustrada y la sexualidad, utilizando su propio cuerpo como lienzo y símbolo de su experiencia personal.
Con estos temas logró transmitir emociones profundas y universales, dando como resultado una representación cruda y honesta de la realidad. En este sentido, no solamente plasmó su propia realidad personal. También retrató la realidad de México, sobre la que estaba consciente.
Justo en aquella época, principalmente a partir del periodo presidencial de Lázaro Cárdenas (1934-1940), aumentó el interés entre los intelectuales mexicanos sobre la población afrodescendiente y la herencia africana del país. Es más, algunos de ellos creían que el muy querido presidente era afromexicano. Y si esto era cierto, lo justo era ahondar en el estudio y reconocimiento de este segmento poblacional del país.
El estereotipo de que los afroamericanos son excesivamente aficionados a la sandía sirvió para este propósito. Esta distorsionada idea surgió por una razón histórica específica, debido a que esta fruta llegó a América de la mano de los esclavos africanos.
En Estados Unidos, tras la Guerra de Secesión, la sandía se convirtió en un cliché para ridiculizar a la población negra. Después de la guerra, los esclavos libertos comían y vendían sandías, convirtiendo a esta fruta como símbolo de libertad. En respuesta, los blancos sureños confederados difundieron la percepción de la sandía y la relacionaron con la holgazanería, la suciedad y el infantilismo, así como la presencia pública no deseada de la gente de color.
En cambio, en México la sandía tiene otro simbolismo: la tradición culinaria que los primeros africanos trajeron consigo, y como un dulce regalo para disfrutar. Y este fue el objeto mediante el cual los artistas e intelectuales se valieron para homenajear las aportaciones de las comunidades afrodescendientes del país. No es coincidencia que dos de los máximos exponentes de la cultura mexicana en esos años, José Vasconcelos y Rufino Tamayo, eran originarios de Oaxaca, uno de los Estados de México con mayor población afrodescendiente.
Vasconcelos – Secretario de Educación durante el periodo de Álvaro Obregón, cargo que desempeñó con gran éxito – defendió la idea de la mezcla de razas para formar una nueva y esperanzadora “raza cósmica”.
Por su parte, en sus pinturas, Tamayo plasmó sandías como parte del legado africano del país. “Puedo ser zapoteca, pero tengo raíces africanas”, decía jactándose de la mezcla cultural y racial de la Oaxaca contemporánea.
Viendo esto, Frida Kahlo decidió realizar una pintura inspirándose en la visión de Tamayo, expresándole su admiración. Este cuadro – que fue de los últimos que pintó – fue enviado al Congreso de los Pueblos por la Paz celebrado en Viena en 1952, y lo realizó mientras estaba confinada en su cama. La idea que viajara a Austria, pero sus condiciones de salud no le permitieron efectuar el viaje.
Se basó en una pintura anterior de su autoría: “naturaleza viva”, que también pintó en 1952. En ambas contrasta el día y la noche, tienen palomas y las raíces de los árboles forman las palabras. Sin embargo, las pinceladas y los detalles ya no son tan precisos como los de sus cuadros más famosos.


Frida señaló que, dado que Tamayo descubrió que entre sus antepasados cuenta con los primeros africanos que acompañaron a los españoles, las sandías que pintó son un reconocimiento a la dulzura de África, y que así debe de ser si queremos ser la raza cósmica, tal como nos enseña Vasconcelos. Siempre se mostró muy segura de incluir sandías en el cuadro que quería exponer en Viena, para recalcar la idea general que otros artistas planteaban en aquella época: el México moderno no es México sin su herencia africana.
De esta manera, la inclusión de las sandías en el arte mexicano es una cuestión más simbólica que estética: es un gesto de agradecimiento y reconocimiento a la diáspora africana en nuestro país. Después de su muerte, Diego Rivera comenzó también a pintar sandías para recordar a Frida.
El 29 de junio de 2020, la casa de subastas multinacional Sotheby’s, especializada en pinturas y obras de arte, subastó el cuadro que la pintora mexicana realizó para el Congreso de Viena por la cuantiosa cifra de $2,660,000 dólares, seis veces más de su valor estimado, pese a que no se considera como una de las mayores obras de la artista mexicana.
Pero hay más. La última pintura de Frida Kahlo es exclusivo de sandías. Hacia 1954, nuestra artista presentía su muerte, aquejada por sus dolores y enfermedades. Si bien su obra es un viaje artístico y psicológico a través del dolor, detrás de esta obra hay un simbolismo oculto.
En Oaxaca, la sandía se relaciona con la muerte dentro de las representaciones del Día de los Muertos, ya que estas frutas aparecen frecuentemente en los funerales de los primeros africanos que llegaron a México, en honor a la generosidad de la tierra donde nacieron, y están asociadas a las figuras de los esqueletos.
Por lo anterior, se cree que las sandías fueron el tema escogido por Frida en su última pintura. Justo ocho días antes de morir, Frida Kahlo escribió en una de las rodajas de sandias sus palabras de despedida, una frase que es capaz de resumir su existencia, marcada por la tragedia, pero que no fue capaz de mermar su carácter fuerte y determinado: ¡Viva la vida!

Quizás el mayor legado de Frida Kahlo en el arte contemporáneo es un recordatorio constante de la importancia del arte como una forma de expresión y resistencia ante las adversidades. Dado que su obra evoca emociones universales, su admiración ha rebasado fronteras, y hoy es admirada en todo el mundo, al grado que es la artista mujer más buscada a través de Google, inclusive en África.
De hecho, en Chad y Djibouti fue la artista extranjera más buscada en internet, siendo dos naciones tan lejanas de México y con culturas totalmente contrastantes, demostrando así la enorme trascendencia de la figura de Frida Kahlo.

Además, en 2023 se exhibió por primera vez la obra de Frida Kahlo en el continente africano, en específico, en la Fundación de Arte Contemporáneo de Joburg (Johannesburgo, Sudáfrica), con el propósito de acercar al público sudafricano obras que normalmente no llegan a África.
En aquella ocasión, su galería fue exhibida junto con la de Amrita Sher-Gil, gran pintora de India, y la de la artista local Irma Stern. El propio Museo de Frida Kahlo en México prestó fotografías, retablos y artículos personales para que fueran exhibidos en este sitio.
Seguramente en el futuro veremos más exhibiciones de las obras de Frida Kahlo en el continente africano, debido al creciente interés en su vida, sus pinturas y el arte popular mexicano. Inclusive puede apreciarse el estilo de Frida en artistas africanas, como en el trabajo de la nigeriana Njideka Akunyili Crosby, cuya obra se basa en la experiencia personal de una mujer nigeriana que vive y trabaja en California, Estados Unidos, que integra la intimidad africana con la pintura occidental.
De esta forma continúa consolidándose la figura de Frida Kahlo en África, quien desafió los estándares convencionales del arte y ha abierto el camino para una mayor diversidad y representación femenina dentro de este ámbito, encontrando en el continente un lugar fértil para que esto sea posible.
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